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Consumo

Las cooperativas de consumo se subdividen en cerradas y abiertas.

Las cerradas son las que admiten como cooperados solamente las personas vinculadas a una misma empresa, sindicato o profesión, que, a su vez, generalmente ofrece las dependencias, instalaciones y recursos humanos necesarios para el funcionamiento de la cooperativa. Eso puede dar como resultado una menor autonomía de la cooperativa, pues, muchas veces, esas entidades interfieren en su administración.

Abiertas, o populares, son las que admiten a cualquier persona que desee asociarse a las mismas. Como en el cooperativismo internacional, también en Brasil las primeras cooperativas fueron las de consumo.

En 1887 surgió la Cooperativa de Consumo de los Empleados de la Compañía Paulista, en la ciudad de Campinas (SP). Dos años después, en Ouro Preto (MG) se creó una Sociedad Económica Cooperativa. Ya en 1891, en la ciudad de Limeira (SP) se fundó la Cooperativa de los Empleados de la Compañía Telefónica. En Río de Janeiro, entonces Distrito Federal, surgió la Cooperativa Militar de Consumo en el año de 1894. El año siguiente se constituyó la Cooperativa de Consumo de Camaragibe, en Pernambuco.

En 1913 surgió la Cooperativa de los Empleados y Obreros de la Fábrica de Tecidos da Gávea, bajo el liderazgo e inspiración de Sarandi Raposo, también responsable por la fundación de la Cooperativa de Consumo Obrera del Arsenal de Guerra, ambas en Río de Janeiro.

Ese mismo año, en la ciudad de Santa Maria, Río Grande do Sul, se fundó la COOPFER - Cooperativa de Consumo dos Empregados da Viação Férrea, bajo la inspiración de Manuel Ribas, que trajo el ideal cooperativista de un viaje a Europa. La COOPFER se desarrolló en forma continua hasta 1964, siendo pionera en múltiples iniciativas de carácter social, y llegó a ser considerada la mayor cooperativa de consumo de América del Sur.

En una época en que no había previsión social organizada, COOPFER creó una Caja de Peculios y montó un hospital propio - la Casa de Salud - destinado a atender a sus cooperados y dependientes. Suministraba asistencia médica, odontológica y jurídica. Desarrolló una red de escuelas primarias a lo largo de las líneas férreas, conocidas como "Escuelas Turmeiras", que llevaron la alfabetización a los hijos de los ferroviarios a los más lejanos puntos de Río Grande do Sul. Fundó una escuela de "Artes y Oficios", con nivel segundario, pionera de la enseñanza técnica, responsable por la formación de buenos profesionales, disputados por el mercado de trabajo. Montó oficinas de carpintería, electricidad, tipografía, tornería, etc., donde, al lado de la formación de mano de obra técnica, se prestaban servicios a los cooperados a través de la fabricación de muebles, equipos domésticos, refacción de motores, diversas reparaciones, construcción de viviendas etc.

La COOPFER construyó, además, un parque industrial de apoyo: fábrica de jabón, torrefacción y molido de café, panaderías, fábricas de masitas, sastrería, carnicerías con mataderos propios y farmacias, proveyendo todas las necesidades de su plantel social, que alcanzó, en su época dorada, aproximadamente 18 mil cooperados.

A partir de 1960 el cooperativismo de consumo sufrió un fuerte impacto, debido, principalmente, a tres factores básicos: Repentina supresión de las exenciones impositivas, principalmente del Impuesto sobre la Circulación de Mercaderías - ICM; falta de dinero para la compra de nuevas mercaderías, debido a la inflación; y el surgimiento de los grandes supermercados, con tecnología bien más desarrollada.

Esos factores fueron tan drásticos que, en 1984, el número de cooperativas se redujo a un doce por ciento de las que había en 1960, es decir, de 2.420, cayó para 292.

Últimamente, las cooperativas de productores rurales están abriendo secciones de consumo, con tiendas y supermercados, para atender a las necesidades de los cooperados e incluso de la sociedad en general. El mayor desafío de ese segmento se encuentra en los centros urbanos, en la atención a los segmentos populares. Las cooperativas de consumo necesitan repasar a los cooperados las mercaderías en cantidad, calidad y precios favorables, lo que sólo es posible, si las mismas realizan compras en común, tomando como ejemplo a Europa, donde varios países se reunieron en una central única de compras.

Agropecuario

A partir de 1907, en Minas Gerais, se organizaron las primeras cooperativas agropecuarias. João Pinheiro, Gobernador del Estado, lanzó su proyecto cooperativista con el objeto de eliminar a los intermediarios de la producción agrícola, cuya comercialización era controlada por extranjeros. El café era el producto estrella de sus preocupaciones y se creó una sección exclusiva para al producto, concediéndole exenciones fiscales y estímulos materiales.

Las cooperativas agropecuarias también fueron surgiendo en el Sur de Brasil, principalmente en las comunidades de origen alemán e italiano, conocedoras del sistema cooperativista europeo, teniendo como su principal divulgador al italiano Stéfano Paternó.

Las cooperativas agropecuarias se dividen conforme los tipos de los productos con que trabajan. Muchas son mixtas, es decir, tienen más de una sección: la de compra en común (para compra de insumos, abonos, semillas, instrumentos, etc.) y la de ventas en común (venta de los productos de los cooperados).

El cooperativismo agropecuario ya se extendió a todo el territorio nacional. Es el más conocido por la sociedad brasileña, participando significativamente en las exportaciones, lo que engorda la Balanza Comercial y, al mismo tiempo, abastece al mercado interno con productos alimenticios. La misma presta una enorme gama de servicios - desde la asistencia técnica, almacenamiento, industrialización y comercialización de los productos, hasta la asistencia social y educativa para los cooperados. Las cooperativas agropecuarias forman, en la actualidad, el segmento económicamente más fuerte del cooperativismo brasileño.

Crédito

Uno de los rubros más dinámicos del cooperativismo en el pasado, brutalmente dilacerado desde mediados de los años 60 y durante toda la década del 70, el cooperativismo de crédito busca nuevamente ocupar su espacio, a pesar de todas las dificultades que se le imponen.

Todo comenzó en 1902, en Río Grande do Sul, bajo la inspiración del Padre Jesuita Theodor Amstadt que, conocedor de la experiencia alemana del modelo de Friedrich Wilhelm Raiffeisen (1818-1888), la trasplantó aquí, con enorme éxito.

Ese modelo se aplicaba, preferentemente, en pequeñas comunidades rurales o pequeñas villas. Se fundamentaba en la honestidad de sus cooperados y actuaba básicamente junto con los pequeños productores rurales. No daba importancia al capital de los cooperados.

Todo el movimiento financiero se realizaba a través de depósitos, que recibían una pequeña remuneración. Admitía que cualquier persona depositase sus ahorros. Con las sobras eventualmente resultantes, creaba reservas para enfrentar, con más seguridad, los momentos de incertidumbre.

Ese segmento del cooperativismo consiguió un gran desarrollo en Río Grande do Sul, desde su implantación, llegando, incluso a disponer de una cooperativa central con otras cincuenta cooperativas singulares afiliadas a ella.

Al final de los años 20 de este siglo, un segundo modelo de cooperativa de crédito también aportó por aquí. Aún por las manos de la Iglesia Católica, y esta vez por laicos que, participando de un Congreso Mariano en Roma, conocieron el modelo desarrollado por el italiano Luigi Luzzati (1841-1927).

Se diferenciaba del modelo alemán por el hecho de exigir un pequeño capital, en el acto de la admisión de cualquier cooperado y tener como público preferencial los asalariados, los artesanos y los pequeños empresarios, comerciantes o industriales.

Más adecuado para las condiciones brasileñas que el modelo alemán, el así denominado cooperativismo de crédito popular se desarrolló por aquí con una velocidad espantosa.

Entre las décadas del 30 y mediados de la década del 50, se calcula que se crearon aproximadamente 1.200 cooperativas de ese modelo y alcanzaron una buena etapa de desarrollo. Su único gran pecado fue no haber buscado la verticalización y no haber creado un antídoto para unos pocos aventureros que, particularmente en los grandes centros, buscaron sacar provecho en beneficio propio.

Desde el punto de vista de las condiciones brasileñas, quizá sigue siendo el modelo ideal para nuestro país.

Un tercer y último modelo de ese segmento llegó aquí a fines de los años 50. De la mano de la influencia católica, ya que la responsabilidad total por su implantación le tocó a una mujer, que aún hoy sigue profesando con la misma convicción de su juventud la religión que abrazó, pudo contar con el apoyo decisivo de Don Hélder Cámara, en ese entonces obispo auxiliar de Río de Janeiro.

Esa mujer se denomina María Thereza Rosália Teixeira Mendes y fue gracias a su entusiasmo, su espíritu de lucha y su visión del solidaridad que el denominado modelo Desjardiano, creado por el canadiense Alphonse Desjardins (1854-1920), tuvo aquí condiciones de echar raíces, pues en esa etaoa de la vida brasileña el cooperativismo de crédito ya no disponía de una vida tranquila.

El antiguo servicio de Economía Rural del Ministerio de la Agricultura, órgano gubernamental encargado de autorizar el funcionamiento de las cooperativas, fiscalizarlas, intervenir en ellas y liquidarlas, resolvió suspender cualquier autorización de funcionamiento para las cooperativas de créditos, en el momento en que Therezita, como cariñosamente se la llamaba, daba inicio a la implantación de la primera cooperativa de ese modelo.

Se discutió, se luchó y a pesar de la autorización no haber sido concedida, algunas cooperativas fueron puestas en funcionamiento.

Posteriormente se levantó el impedimento y se legalizaron las llamadas cooperativas clandestinas. En 1962, se bajó un nuevo bloqueo contra las cooperativas de crédito. Nuevamente el espíritu de lucha de Therezita se hizo presente y ese modelo continuó su marcha.

Un salto sobre el septiembre negro del cooperativismo de crédito brasileño, que comprende la segunda mitad de los años 60 hasta el inicio de los años 90, fue testigo de la búsqueda de recrear las cooperativas de crédito rural. Una vez analizada la experiencia del pasado, y al tanto de que el medio rural no tendría condiciones de enfrentar las altas tasas de intereses que cobran las instituciones bancarias, un cooperativista brasileño, Mário Kruel Guimarãesm dio inicio a un proceso de objetivos muy bien definidos, en el intento de crear un verdadero Sistema de Crédito Rural cooperativo en el país.

Ese proyecto empezó a tomar forma el año 1981 y tuvo una muy buena aceptación en Río Grande do Sul.

Los Estados de Paraná y de Santa Catarina empezaron a desarrollar ese segmento en 1984. Los Estados de Minas Gerais, São Paulo, Espírito Santo, Bahía, Mato Grosso do Sul, Mato Grosso y Goiás sólo dos años después, empezaron a implantar cooperativas de crédito rural.

Después del proceso reflexivo de análisis de su comportamiento en el pasado, el cooperativismo de crédito rural renació en bases seguras y con una propuesta firme que le permite identificar, aún en su cuna, cualquier desvío que pueda perjudicarlo en su desarrollo.

Ese hecho ha permitido, a lo largo de la década y, a pesar de los percances vividos por la economía brasileña en el mismo período, un nivel de desarrollo sin precedentes, a pesar de la enorme dificultad encontrada.

Dificultad que puede traducirse como la negación que recibe para obtener los mismos instrumentos que se ofrecen al sistema financiero competidor.

Trabajo

Las cooperativas de trabajo están constituidas por personas vinculadas a una determinada ocupación profesional, con la finalidad de mejorar su remuneración y sus condiciones de trabajo, en forma autónoma.

Éste es un segmento extremadamente comprensivo, pues los integrantes de cualquier profesión pueden organizarse en cooperativas de trabajo.

Aunque se tenga conocimiento de la Cooperativa de Trabajo de los Cargadores y Transportadores de Equipajes del Puerto de Santos, fundada en 1938 y existente hasta hoy, se puede afirmar que ese tipo de cooperativismo prácticamente se desarrolló a partir de 1960 y actualmente está en gran expansión.

El Cooperativismo de Trabajo se vino expandiendo con notable rapidez a lo largo de los últimos años. En su gran mayoría (el 72,5%) de las cooperativas se crearon a partir de l992.

El gran desafío para el sector es la clara identificación de sus bases legales, tanto en lo que se refiere a la legislación cooperativista propiamente dicha pero, principalmente, en aquello que pueda causar cualquier confusión como las exigencias de la legislación laboral, particularmente la C.L.T. La construcción de los límites jurídicos correctos para la acción cooperativista en el área del trabajo ciertamente reforzará su crecimiento.

Salud

Surgidas hace casi 30 años, actúan en la actualidad en cuatro áreas distintas: médica, odontológica, psicológica y de usuarios. El ejemplo más pujante de ese segmento es el cooperativismo de los médicos, organizados por el sistema UNIMED, con cooperativas singulares en los municipios, federaciones en los Estados y una confederación en ámbito nacional. El 40% de los profesionales de salud del país optaron por este camino.

Energización Rural y Telecomunicaciones

Este segmento está constituido por cooperativas que tienen por objeto prestar colectivamente un determinado servicio al cuadro social. En Brasil son más conocidas las cooperativas de electrificación y de telefonía rural. Las cooperativas de electrificación rural tienen por objeto suministrar, para la comunidad, servicios de energía eléctrica, ya sea repasando esa energía de concesionarias, o generando su propia energía. Algunas también abren secciones de consumo para el suministro de electrodomésticos, así como de otras utilidades. Aunque de las cooperativas de telefonía rural no han tenido un desarrollo satisfactorio, vienen ocupando espacios que difícilmente serían mantenidos por el Servicio Público. Incluso con los obstáculos creados por el Poder Público, estas cooperativas han contribuido en forma significativa para evitar el éxodo rural y mantener al hombre en el campo, mejorando sus condiciones de vida y aumentando la producción de alimentos. El surgimiento de las cooperativas de electrificación rural posee dos etapas: Antes y después de la promulgación del Estatuto de la Tierra, que ocurrió el 30 de noviembre de 1964, dando énfasis especial a la difusión de la electrificación rural a través del Sistema Cooperativista. Esa solución surgió porque la electrificación rural no es una iniciativa rentable, y, como consecuencia de ello, no atrae a las concesionarias de energía eléctrica. Por esta razón, el Estatuto de la Tierra, al tratar de la materia, eligió al cooperativismo como forma prioritaria para dinamizar del proceso de electrificación rural. En ese sistema, el mismo usuario moviliza recursos de ahorro y crédito para las inversiones, para que se desarrollen los procesos de construcción de energía eléctrica en medio rural. La primera cooperativa de electrificación rural de Brasil fue la Cooperativa de Fuerza y Luz de Cuatro Hermanos, actualmente desactivada, localizada en el entonces Distrito de José Bonifácio, actual municipio de Erechim, Río Grande do Sul. Fue fundada en 1941, con el objeto de generar energía eléctrica para la pequeña localidad, sede de una compañía - la "Jewish Colonization and Association" - colonizadora de la región, que allí se instaló en 1911. En la actualidad, la mayor representante del segmento en Brasil y de América Latina es COPREL - Cooperativa Regional de Electrificação Rural do Alto Jacuí Ltda., fundada en 1968, con sede en el municipio de Ibirubá (RS), que cuenta con más de 26 mil cooperados. De las 5.200.000 propiedades rurales existentes en Brasil actualmente, solamente el 21% disfrutan de los beneficios de la energía eléctrica. Son aproximadamente 1.120.000 propiedades rurales electrificadas, 420.000 de las cuales por el sistema cooperativista, siendo que el 90% de los recursos aplicados partieron de los mismos cooperados.

Educativa

Este segmento está constituido por dos tipos de cooperativas: aquellas formadas por padres de alumnos y las de alumnos de Escuelas Agrotécnicas Federales.

El Estado Brasileño no ha conseguido mantener vacantes escolares en su red pública en la misma proporción del crecimiento de la población joven e infantil, además de no haber conseguido ofrecer estándares de calidad a la altura de las exigencias de la sociedad moderna. Por otro lado, la remuneración de la clase de los profesores es cada vez peor.

La red privada de enseñanza, a su vez, cobra un costo tan elevado por sus servicios, que ni siquiera la clase media privilegiada consigue más soportarlo.

Ante ese contexto difícil, surgió el cooperativismo formal de los padres de alumnos, que busca principalmente construir iniciativas cooperativas para suplir una deficiencia del Estado, atenuar los altos costos de las escuelas de enseñanza privada y mejorar el nivel de calidad de la enseñanza.

A través de la cooperativa, los padres construyen el patrimonio físico de la escuela y, como propietarios y usuarios, administran todo el proceso escolar, desde la contratación de pedagogos y especialistas en el área de educación.

Ese tipo de cooperativismo surgió en Itumbiara, en el Estado de Goiás, en diciembre de 1987 y ahora se está esparciendo por todos los Estados de Brasil, debiendo su número haber llegado a más de una centena.

El papel de la cooperativa de enseñanza es ser la mantenedora de la escuela. La escuela debe funcionar de acuerdo con los órganos legales competentes, ser administrada por especialistas contratados y orientada por un consejo pedagógico, constituido por padres y profesores. Del intercambio entre esas partes debe surgir el producto final: preparación de los alumnos para que enfrenten, en mejores condiciones, los desafíos del próximo siglo e intervengan como agentes de la historia.

En el caso específico de las Cooperativas de Enseñanza, es importante interpretar a la empresa mucho más del punto de vista sociopolítico e ideológico que económico.

El bien común de este segmento asociativista es la formación educacional del niño y del adolescente y ésta no presupone ganancias o sobras; su éxito será medido en forma totalmente distinta de las demás actividades económicas vinculadas al cooperativismo.

Así, los padres se libran del dominio de los propietarios de la red privada de enseñanza y suplen una deficiencia del Estado.

El mismo Gobierno Federal ya ve a esas cooperativas como asociadas importantes en el área de la educación y promete apoyo.

Las cooperativas de los alumnos de las Escuelas Agrotécnicas Federales (EAF) son un proyecto del Ministerio de Educación y Deportes - MEC y ya existen en todo el territorio nacional.

Con una legislación y dotación presupuestaria específicas, esas escuelas seleccionan a jóvenes para el aprendizaje y el ejercicio de prácticas agropecuarias.

En esas escuelas, los alumnos, internos o semi internos, aprenden haciendo, combinando la teoría con la práctica, además de ser útiles a la escuela, suministrándole productos alimenticios. El excedente es comercializado por los mismos alumnos, a través de la cooperativa.

Ese proyecto del MEC es de una grandeza sin igual en el ámbito de la formación de jóvenes para el porvenir. Es un proyecto saludable y de bajísimo costo. Su existencia y crecimiento son aún más importantes ante el hecho de ser Brasil un país eminentemente agrícola, dotado de una parte envidiable de tierras cultivables.

El segmento educativo es una palanca estratégica para desarrollar a los demás rubros del cooperativismo brasileño.

Habitacional

Ese segmento surgió con la Ley que lo creó, a través del ya extinto BNH - Banco Nacional de Habitación y el Servicio Federal de Habitación y Urbanismo, en 1964. El objeto era coordinar la acción de los órganos públicos y orientar a la iniciativa privada, estimulando la construcción de habitaciones de interés social y financiando la adquisición de la casa propia, principalmente para las poblaciones de mediana y baja renta. Fue creado el INOCOOP - Instituto de Orientación a las Cooperativas Habitacionales con el objeto de asesorar a esas cooperativas, casi totalmente separadas de los demás rubros.

Las llamadas "cooperativas habitacionales", tales como están actualmente constituidas en gran parte, son consorcios para la construcción de casas y no cooperativas, ya que tienen como característica básica su liquidación, tan pronto se concluya el proyecto habitacional. Sin embargo, su existencia en nuevos moldes, es de fundamental importancia para el País, cuya carencia habitacional es alarmante.

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